El don de ciencia nos enseña a custodiar la creación y a no destruirla
VATICANO, 21 May. 14 / 09:41 am.-
En su Audiencia General de este miércoles, el Papa Francisco continuó
su catequesis sobre los dones del Espíritu Santo, abordando en esta
ocasión el don de ciencia, el cual, afirmó, ayuda a percibir la grandeza
de Dios a través de la creación y enseña a custodiar este regalo para
el beneficio de todos y no caer en algunas actitudes excesivas o
equivocadas que lleven a su destrucción.
Ante
los miles de fieles congregados en la Plaza de San Pedro, el Papa
aclaró que este don no se limita al conocimiento humano de la
naturaleza. “Cuando nuestros ojos son iluminados por el Espíritu Santo,
se abren a la contemplación de Dios, en la belleza de la naturaleza y en
la grandiosidad del cosmos, y nos llevan a descubrir cómo cada cosa nos
habla de Él, cada cosa nos habla de su amor”.
A continuación la catequesis completa gracias a la traducción de Radio Vaticana:
Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!
Hoy
queremos resaltar otro don del Espíritu Santo, el don de ciencia.
Cuando se habla de ciencia, el pensamiento va inmediatamente a la
capacidad del hombre de conocer siempre mejor la realidad que lo
circunda y de descubrir las leyes que regulan la naturaleza y el
universo. Pero la ciencia que viene del Espíritu Santo no se limita al
conocimiento humano: es un don especial que nos lleva a percibir, a
través de la creación, la grandeza y el amor de Dios y su relación
profunda con cada criatura.
Cuando
nuestros ojos son iluminados por el Espíritu Santo, se abren a la
contemplación de Dios, en la belleza de la naturaleza y en la
grandiosidad del cosmos, y nos llevan a descubrir cómo cada cosa nos
habla de Él, cada cosa nos habla de su amor. ¡Todo esto suscita en
nosotros gran estupor y un profundo sentido de gratitud!
Es
la sensación que sentimos también cuando admiramos una obra de arte o
cualquier maravilla que sea fruto del ingenio y de la creatividad del
hombre: de frente a todo esto, el Espíritu nos lleva a alabar al Señor
desde lo profundo de nuestro corazón y a reconocer, en todo lo que
tenemos y somos, un don inestimable de Dios y un signo de su infinito
amor por nosotros.
En
el primer capítulo del Génesis, precisamente al inicio de toda la
Biblia, se pone en evidencia que Dios se complace de su creación,
subrayando repetidamente la belleza y la bondad de cada cosa. Al final
de cada jornada, está escrito: “Dios vio que era cosa buena”. Pero si
Dios ve que la creación es una cosa buena y una cosa bella, también
nosotros tenemos que tener esta actitud: de ver que la creación es cosa
buena y bella. Y con el don de la ciencia, por esta belleza, alabamos a
Dios, agradecemos a Dios por habernos dado ¡tanta belleza! Y este es el
camino.
Y
cuando Dios terminó de crear al hombre no dijo “vio que era cosa
buena”, dijo que era “muy buena”, nos acerca a Él. Y a los ojos de Dios
nosotros somos lo más bello, lo más grande, lo más bueno de la creación.
Pero padre, ¿los ángeles? ¡No! Los ángeles están más abajo nuestro,
¡nosotros somos más que los ángeles! Lo escuchamos en el libro de los
Salmos. ¡Nos quiere el Señor! Debemos agradecerle por esto.
El
don de la ciencia nos pone en profunda sintonía con la Creación y nos
hace partícipes de la limpidez de su mirada y de su juicio. Y es en esta
perspectiva que logramos captar en el hombre y en la mujer el culmen de
la creación, como cumplimiento de un designio de amor que está impreso
en cada uno de nosotros y que nos hace reconocernos como hermanos y
hermanas.
Todo
esto es fuente de serenidad y de paz y hace del cristiano un gozoso
testigo de Dios, en las huellas de San Francisco de Asís y otros muchos
santos que supieron alabar y cantar su amor a través de la contemplación
de la creación. Al mismo tiempo, sin embargo, el don de ciencia nos
ayuda a no caer en algunas actitudes excesivas o equivocadas.
El
primero es el riesgo de considerarnos dueños de la creación. Porque la
creación no es una propiedad, que podemos gobernar a voluntad; ni mucho
menos, es una propiedad de sólo algunos pocos: la creación es un regalo,
es un don maravilloso que Dios nos ha dado, para que lo cuidemos y lo
utilicemos en beneficio de todos, siempre con gran respeto y gratitud.
La
segunda actitud equivocada es la tentación de quedarnos en las
criaturas, como si éstas pudieran ofrecer la respuesta a todas nuestras
expectativas. Y el Espíritu Santo con el don de la ciencia nos ayuda a
no caer en esto.
Pero
yo quisiera volver a la primera vía equivocada “cuidar la creación”, no
"adueñarse de la creación". Debemos cuidar la creación, es un don que
el Señor nos ha dado, para nosotros, ¡es el regalo de Dios a nosotros!
Nosotros somos custodios de la creación, pero cuando nosotros explotamos
la creación, ¡destruimos el signo de amor de Dios!
Destruir
la creación es decir a Dios: “no me gusta, esto no es bueno”. ¿Y qué te
gusta a ti? Me gusto a mí mismo: ¡éste es el pecado! ¿Han visto? La
custodia de la creación es precisamente la custodia del don de Dios. Y
también es decir al Señor: “gracias, yo soy el dueño de la creación.
Pero para hacerla seguir adelante yo no destruiré jamás tu don”.
Y
esta debe ser nuestra actitud con respecto a la creación. Custodiarla,
porque si nosotros destruimos la creación, la creación nos destruirá. No
olviden esto.
Una
vez, yo estaba en el campo y escuché un dicho de parte de una persona
simple, a la cual le gustaban tanto las flores y él cuidaba estas flores
y me dijo: “debemos custodiar estas bellas cosas que Dios nos ha dado.
La creación es para nosotros; para que nosotros la aprovechemos bien. No
explotarla, custodiarla. “Porque, ¿usted sabe padre?” – así me dijo –
“Dios perdona siempre”. Sí, y esto es verdad, Dios perdona siempre.
“Nosotros seres humanos, hombres y mujeres, perdonamos algunas veces”. Y
sí, algunas no perdonamos. “Pero la naturaleza, padre, no perdona jamás
y si tú no la cuidas, ella te destruirá”.
Esto
debe hacernos pensar y pedir al Espíritu Santo: este don de la ciencia
para entender bien que la creación es el más hermoso regalo de Dios. Que
Él ha dicho: esto es bueno, esto es bueno, esto es bueno y este es el
regalo para lo más bueno que he creado, que es la persona humana.
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