¡Madres, pidan a Dios el don de aconsejar a sus hijos!
VATICANO, 07 May. 14 / 09:22 am.-
El Papa Francisco presidió este miércoles la Audiencia General desde la
Plaza de San Pedro, donde exhortó a las madres a pedir a Dios el don de
poder aconsejar a sus hijos ante las dificultades, pues este don del
Espíritu “hace que nuestra conciencia sea capaz de hacer una elección
concreta en comunión con Dios, según la lógica de Jesús y de su
Evangelio”.
El
Santo Padre continuó este miércoles su catequesis sobre los dones del
Espíritu Santo y recordó que años atrás, cuando confesaba en el
Santuario de Nuestra Señora de Luján, en Argentina, se le acercó un
joven que ante un grave problema le pidió consejo a su madre, y esta le
dijo “anda a ver a la Virgen y Ella te dirá lo que debes hacer”. “¡Esta
es una mujer que tenía el don del consejo! (...) Ustedes mamás, que
tienen este don, ¡pidan este don para sus hijos! El don de aconsejar a
los hijos. Es un don de Dios”, expresó el Papa.
A continuación presentamos el texto completo de la catequesis gracias a la traducción de Radio Vaticana:
Los dones del Espíritu: el Consejo
Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!
Hemos
escuchado en la lectura aquella parte del libro de los Salmos que dice
“el Señor me aconseja, el Señor me habla interiormente”. Y este es otro
don del Espíritu Santo: el don del consejo. Sabemos cuánto es
importante, sobre todo en los momentos más delicados, el poder contar
con las sugerencias de personas sabias y que nos quieren. Ahora, a
través del don del consejo, es Dios mismo, con el Espíritu Santo, que
ilumina nuestro corazón, para hacernos comprender el modo justo de
hablar y de comportarse y el camino a seguir. Pero ¿cómo actúa este don
en nosotros?
En
el momento en el cual lo recibimos y lo acogemos en nuestro corazón, el
Espíritu Santo comienza inmediatamente a hacernos sensibles a su voz y a
orientar nuestros pensamientos, nuestros sentimientos y nuestras
intenciones según el corazón de Dios. Al mismo tiempo, nos lleva siempre
más a dirigir la mirada interior sobre Jesús, como modelo de nuestro
modo de actuar y de relacionarnos con Dios Padre y con los hermanos.
El
consejo, es entonces el don con el cual el Espíritu Santo hace que
nuestra conciencia sea capaz de hacer una elección concreta en comunión
con Dios, según la lógica de Jesús y de su Evangelio. Y de este modo, el
Espíritu nos hace crecer interiormente, nos hace crecer positivamente,
nos hace crecer en la comunidad. Y nos ayuda a no caer en posesión del
egoísmo y del propio modo de ver las cosas. Así el Espíritu nos ayuda a
crecer y también a vivir en comunidad.
La
condición esencial para conservar este don es la oración. Pero siempre
volvemos sobre lo mismo ¿no? La oración. Pero es tan importante la
oración, rezar. Rezar las oraciones que todos nosotros sabemos desde
niños, pero también rezar con nuestras palabras. Rezar al Señor: Señor
ayúdame, aconséjame, ¿qué tengo que hacer ahora?
Y
con la oración hacemos lugar para que el Espíritu venga y nos ayude en
aquel momento, nos aconseje sobre lo que nosotros debemos hacer. La
oración. Jamás olvidar la oración, jamás. Nadie se da cuenta cuando
nosotros rezamos en el autobús, en la calle: oramos en silencio, con el
corazón. Aprovechemos estos momentos para rezar. Rezar para que el
Espíritu nos dé este don del consejo.
En
la intimidad con Dios y en la escucha de su Palabra, poco a poco
dejamos de lado nuestra lógica personal, dictada la mayor parte de las
veces por nuestra cerrazón, por nuestros prejuicios y nuestras
ambiciones, y en cambio, aprendamos a preguntar al Señor: ¿cuál es tu
deseo? ¡Pedirle consejo al Señor! Y esto lo hacemos con la oración.
De
esta manera madura en nosotros una sintonía profunda, casi innata con
el Espíritu y comprobamos qué verdaderas son las palabras de Jesús
citadas en el Evangelio de Mateo: "No se preocupen de cómo van a hablar o
qué van a decir: lo que deban decir se les dará a conocer en ese
momento, porque no serán ustedes los que hablarán, sino que el Espíritu
de su Padre hablará en ustedes".
Es
el Espíritu que nos aconseja. Pero nosotros debemos darle espacio al
Espíritu para que nos aconseje, y dar espacio es rezar. Rezar para que
Él venga y nos ayude siempre.
Y
al igual que todos los otros dones del Espíritu, entonces, el consejo
es también un tesoro para toda la comunidad cristiana. El Señor nos
habla no solamente en la intimidad del corazón, nos habla sí, pero no
solamente allí, sino también a través de la voz y el testimonio de los
hermanos.
¡Realmente
es un gran don poder encontrar hombres y mujeres de fe que,
especialmente en los momentos más complicados e importantes de nuestra
vida, nos ayudan a iluminar nuestro corazón y a reconocer la voluntad
del Señor!
Yo
recuerdo una vez que yo estaba en el confesionario - y había una fila
larga adelante - en el Santuario de Luján. Y estaba en la fila un
muchacho todo moderno, ¿no? Con aritos, tatuajes, todas las cosas. Y
vino para decirme lo que le sucedía a él. Era un problema grande,
difícil. ¿Y tú qué harías? Y me dijo esto: yo le he contado todo esto a
mi madre y mi madre me dijo: anda a ver a la Virgen y Ella te dirá lo
que debes hacer. ¡Esta es una mujer que tenía el don del consejo! No
sabía cómo salir del problema del hijo, pero le ha indicado el camino
justo: “anda a ver a la Virgen y Ella te dirá”.
Este
es el don del consejo, dejar que el Espíritu hable. Y esta mujer
humilde y simple, ha dado al hijo el más verdadero consejo, el más
verdadero consejo. Porque este joven me dijo: “yo he mirado a la Virgen y
he sentido que tengo que hacer esto, esto y esto. Yo no tuve que
hablar. Lo hicieron todo la madre, la Virgen y el muchacho. ¡Éste es el
don del consejo! Ustedes mamás, que tienen este don, ¡pidan este don
para sus hijos! El don de aconsejar a los hijos. Es un don de Dios.
Queridos
amigos, el Salmo 16 nos invita a orar con estas palabras: "Bendeciré al
Señor que me aconseja, ¡hasta de noche me instruye mi conciencia! Tengo
siempre presente al Señor: él está a mi lado, nunca vacilaré". Que el
Espíritu siempre pueda infundir en nuestro corazón esta certeza y nos
llene así con su consuelo y su paz! Pidan siempre el don del consejo.
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