Pidamos el don de entendimiento para comprender las enseñanzas de Jesús
VATICANO, 30 Abr. 14 / 09:32 am.-
El Papa Francisco presidió este miércoles la Audiencia General en la
Plaza de San Pedro, donde exhortó a los católicos a pedir al Espíritu
Santo el don de entendimiento, el cual no es una capacidad intelectual,
sino la gracia que ayuda a comprender las enseñanzas de Cristo y
“escrutar las profundidades del pensamiento de Dios y de su designio de
salvación”.
En
su catequesis, el Pontífice abordó el pasaje evangélico de los
discípulos de Emaús, quienes después de ser testigos de la muerte en la
cruz y la sepultura de Jesús, se van tristes y decepcionados de
Jerusalén. Pero cuando Cristo se les une y les explica las escrituras,
“sus mentes se abren y en sus corazones se reaviva la esperanza”, afirmó
el Papa.
A continuación la catequesis completa gracias a la traducción de Radio Vaticana:
Los dones del Espíritu: el Entendimiento
Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!
Después
de haber examinado la sabiduría, como el primero de los siete dones del
Espíritu Santo, hoy quisiera centrar la atención sobre el segundo don,
es decir, el entendimiento. No se trata aquí de la inteligencia humana,
de la capacidad intelectual de la cual podemos ser más o menos dotados.
Es, en cambio, una gracia que sólo el Espíritu Santo puede infundir y
que suscita en el cristiano la capacidad de ir más allá del aspecto
externo de la realidad y escrutar las profundidades del pensamiento de
Dios y de su designio de salvación.
El
apóstol Pablo, dirigiéndose a la comunidad de Corinto, describe bien
los efectos de este don, es decir, qué cosa hace este don del
entendimiento en nosotros. Y Pablo dice esto: “lo que nadie vio ni oyó y
ni siquiera pudo pensar, aquello que Dios preparó para los que lo aman.
Dios nos reveló todo esto por medio del Espíritu…”.
Esto
obviamente no significa que un cristiano pueda comprender cada cosa y
tener un conocimiento pleno de los designios de Dios: todo esto queda en
espera de manifestarse en toda su limpidez cuando nos encontraremos
ante la presencia de Dios y seremos de verdad una cosa sola con Él. Pero
como sugiere la palabra misma, el entendimiento permite “intus legere”,
es decir, “leer dentro” y este don nos hace entender las cosas como las
entendió Dios, como las entiende Dios, con la inteligencia de Dios.
Porque uno puede entender una situación con la inteligencia humana, con
prudencia, y está bien. Pero, entender una situación en profundidad como
la entiende Dios es el efecto de este don.
Y
Jesús ha querido enviarnos el Espíritu Santo para que nosotros tengamos
este don, para que todos nosotros podamos entender las cosas como Dios
las entiende, con la inteligencia de Dios. Es un hermoso regalo que el
Señor nos ha hecho a todos nosotros. Es el don con el cual el Espíritu
Santo nos introduce en la intimidad con Dios y nos hace partícipes del
designio de amor que Él tiene con nosotros.
Es
claro, entonces, que el don del entendimiento está estrechamente
relacionado con la fe. Cuando el Espíritu Santo habita en nuestro
corazón e ilumina nuestra mente, nos hace crecer día a día en la
comprensión de lo que el Señor ha dicho y hecho. El mismo Jesús ha dicho
a sus discípulos: yo les enviaré el Espíritu Santo y él les hará
entender todo lo que yo les he enseñado.
Entender
las enseñanzas de Jesús, entender su Palabra, entender el Evangelio,
entender la Palabra de Dios. Uno puede leer el Evangelio y entender
algo, pero si nosotros leemos el Evangelio con este don del Espíritu
Santo, podemos entender la profundidad de las palabras de Dios. Y este
es un gran don, un gran don que todos nosotros debemos pedir y pedirlo
juntos: ¡Danos Señor el don del entendimiento!
Hay
un episodio del Evangelio de Lucas, que expresa muy bien la profundidad
y la fuerza de este don. Después de ser testigos de la muerte en la
cruz y la sepultura de Jesús, dos de sus discípulos, decepcionados y
tristes, se van de Jerusalén y vuelven a su aldea llamada Emaús.
Mientras
están en camino, Jesús resucitado se une a ellos y empieza a hablarles,
pero sus ojos, velados por la tristeza y la desesperación, no son
capaces de reconocerlo. Jesús camina con ellos, pero ellos estaban tan
tristes, tan desesperados que no lo reconocen. Pero cuando el Señor les
explica las Escrituras, para que entiendan que Él debía sufrir y morir
para luego resucitar, sus mentes se abren y en sus corazones se reaviva
la esperanza.
Y
esto es lo que hace el Espíritu Santo con nosotros: nos abre la mente,
nos abre para entender mejor, para entender mejor las cosas de Dios, las
cosas humanas, las situaciones, todas las cosas.
¡Es
importante el don del entendimiento para nuestra vida cristiana!
Pidámoslo al Señor, que nos dé, que nos dé a todos nosotros este don
para entender cómo entiende Él las cosas que suceden, y para entender,
sobre todo, la palabra de Dios en el Evangelio.
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