Pidan el don de fortaleza para ser santos en los momentos difíciles
VATICANO, 14 May. 14 / 09:42 am.-
En su audiencia general de este miércoles, el Papa Francisco continuó
sus reflexiones sobre los dones del Espíritu Santo y alentó a los fieles
a pedir a Dios el don de fortaleza, porque es el que los sostendrá en
los momentos difíciles -incluso a costa de la propia vida-, tal como
hace con los innumerables santos cotidianos que brinda a la Iglesia.
“También
hoy no faltan cristianos que en tantas partes del mundo continúan
celebrando y testimoniando su fe, con profunda convicción y serenidad y
resisten también cuando saben que esto puede costar un precio muy alto.
También nosotros, todos nosotros conocemos gente que ha vivido
situaciones difíciles, tantos dolores. Pensemos en aquellos hombres y en
aquellas mujeres que llevan una vida difícil, luchan por llevar
adelante la familia, educar a los hijos, pero esto lo hacen porque está
el Espíritu de la Fortaleza que los ayuda”, afirmó el Santo Padre.
A continuación el texto de la audiencia del Papa gracias a la traducción de Radio Vaticana:
Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!
hemos
reflexionado sobre los tres primeros dones del Espíritu Santo:
sabiduría, entendimiento y consejo. Hoy pensemos en lo que hace el
Señor, Él viene siempre a sostenernos en nuestra debilidad y esto lo
hace con un don especial: el don de la Fortaleza.
1.
Hay una parábola que nos ayuda a comprender la importancia de este don.
Un sembrador va a sembrar; pero no todas las semillas que siembra dan
fruto. Las que terminan en el camino se las comen las aves; las que caen
en terreno pedregoso o entre espinas brotan, pero pronto se secan por
el sol o ahogadas por las espinas. Solo las que caen en la buena tierra
crecen y dan fruto.
Como
el mismo Jesús cuenta a sus discípulos, este sembrador representa al
Padre, que difunde abundantemente la semilla de su Palabra. La semilla,
sin embargo, a menudo, choca con la aridez de nuestros corazones y, aun
cuando viene recibida, a menudo se mantiene estéril. Con el don de la
Fortaleza, en cambio, el Espíritu Santo libera la tierra de nuestro
corazón, la libera del letargo, de las incertidumbres y de todos los
miedos que pueden detenerlo, de modo que la Palabra del Señor sea puesta
en práctica, de manera auténtica y alegre. Es una verdadera ayuda este
don de la Fortaleza, nos da fuerza, incluso nos libera de tantos
impedimentos.
2.Hay
también momentos difíciles y situaciones extremas en las cuales el don
de la Fortaleza se manifiesta de modo extraordinario, ejemplar. Es el
caso de aquellos que tienen que afrontar experiencias particularmente
duras y dolorosas, que perturban su vida y la de sus seres queridos. La
Iglesia resplandece por el testimonio de tantos hermanos y hermanas que
no han dudado en dar la propia vida, con tal de permanecer fieles al
Señor y a su Evangelio.
También
hoy no faltan cristianos que en tantas partes del mundo continúan
celebrando y testimoniando su fe, con profunda convicción y serenidad y
resisten también cuando saben que esto puede costar un precio muy alto.
También nosotros, todos nosotros conocemos gente que ha vivido
situaciones difíciles, tantos dolores. Pensemos en aquellos hombres y en
aquellas mujeres que llevan una vida difícil, luchan por llevar
adelante la familia, educar a los hijos, pero esto lo hacen porque está
el Espíritu de la Fortaleza que los ayuda.
Cuántos,
cuántos hombres y mujeres, de los cuales no conocemos el nombre, honran
nuestro pueblo, honran nuestra iglesia porque son fuertes, fuertes en
el llevar adelante su vida, su familia, su trabajo, su fe. Pero estos
hermanos y hermanas nuestros son santos, santos cotidianos, santos
escondidos, en medio de nosotros. Tienen precisamente el don de la
Fortaleza para llevar adelante su deber de personas, de padres, de
madres, de hermanos, de hermanas, de ciudadanos. Tenemos tantos, tantos.
¡Agradezcamos
al Señor por estos cristianos que tienen una santidad escondida, pero
es el Espíritu dentro que los lleva adelante! Y nos hará bien pensar en
esta gente, si ellos hacen esto, si ellos pueden hacerlo ¿por qué yo no?
Y pedirle al Señor que nos dé el don de la Fortaleza.
3.
No se debe pensar que el don de la Fortaleza sea necesario solamente en
algunas ocasiones o situaciones particulares. Este don debe constituir
la característica esencial de nuestro ser cristianos en la normalidad de
nuestra vida cotidiana. Como he dicho, en todos los días de la vida
cotidiana tenemos que ser fuertes, tenemos necesidad de esta Fortaleza
para llevar adelante nuestra vida, nuestra familia, nuestra fe.
Pablo,
el apóstol Pablo, ha dicho una frase que nos hará bien escuchar: “Yo lo
puedo todo en aquel que me conforta”. Cuando llega la vida ordinaria,
cuando llegan las dificultades, recordemos esto: “todo lo puedo todo en
aquel que me conforta”. El Señor da la fuerza, siempre, no falta. El
Señor no nos prueba más de lo que nosotros podemos tolerar. Él está
siempre con nosotros, “todo lo puedo en aquel que me conforta”.
Queridos
amigos, a veces podemos estar tentados de dejarnos vencer por la pereza
o peor, por el desaliento, sobre todo de frente a las fatigas y a las
pruebas de la vida. En estos casos, no perdamos el ánimo, invoquemos al
Espíritu Santo para que, con el don de la Fortaleza, pueda aliviar
nuestro corazón y comunicar nueva fuerza y entusiasmo a nuestra vida y a
nuestro seguimiento de Jesús.
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